Yo no soy más que un miembro más de la asociación, casi por hacer bulto, y no suelo participar en sus actividades (bastante tengo con el resto de las cosas que llevo como para meterme en más embolaos). Pero he asistido a su concepción desde que casi no era nada. Y sí puedo decir una cosa: ha costado mucho crear una asociación como Hispalinux. No me refiero a escribir unos estatutos y darla de alta en el registro, me refiero a que sea algo que realmente funcione, que la gente colabore y participe.
No es exagerado decir que Hispalinux es hoy por hoy de las asociaciones más importantes del software libre del mundo. Han conseguido una sinergia de colaboradores, actividades, grupos, reconocimiento, ... que si me lo cuentan hace 3 años, no me lo creo ni jarto vino. Y sin embargo, ahí están.
Seguro que falta mucho por recorrer, pero lo que no puedo admitir es que se les pueda llamar a la cara oportunistas así, sin recato ni vergüenza. ¿Pero cómo que robarle méritos a la Comunidad? Pero vamos a ver, si en España, la comunidad fuera de Hispalinux y de los grupos locales no existe (salvo honrosas excepciones que curiosamente también colaboran con cualquiera de estos).
Lo que pasa es que apuntarse "a la Comunidad" es tan gratuito como apuntarse a Hispalinux. Sólo así se pueden entender que se digan tonterías de tal calibre.
Quien tenga problemas acerca de como se gestionan las cosas, tiene una solución muy simple: apuntarse, que no cuesta dinero (esa es una de las pocas críticas que yo les hago) y contribuir a corregir lo que crea que es incorrecto -y aceptar democráticamente si la mayoría no lo cree así-. Pero eso de criticar por criticar, porque siempre tiene que haber algún malo para acallar nuestra conciencia con que somos buenos (¡Ja!).
¿Medallas a Hispalinux? Todas, hasta la Gran Cruz de Hierro de Isabel la Católica al mérito en el trabajo. Son de los pocos grupos que dan la cara haciendo cosas (y en realidad sólo una minoría de toda la asociación) aparte de dedicarse a parlotear y opinar sobre cómo debieran los demás hacer las cosas. Me recuerda esas estampas tan habituales del peón albañil sudando y los seis mirones criticando como debería mezclar la masa, o subir los ladrillos, o ...
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