Todo empezó de una forma inocente: estaba paseando por el menú de mi Mandrake, cuando el ratón se me quedó en arcades y lo vi ahí. Me dije, "por probar no pasa nada", y empecé a jugar.
Sin darme cuenta estaba en el nivel 14, y me dije que sólo lo hacía para entretenerme. La gente empezaba a mirarme raro, como si yo no fuese normal.
En el nivel 30 me dije que no pasaba nada, que si quería lo podía dejar, pero no quería.
Hacia el nivel 45 me decía que si, que estaba enganchado, pero no hacía daño a nadie. Mi salud empezaba a resentirse, ya pensaba exclusivamente en bolitas de colores y que el pingüinito debía colocarlas bien.
Ahora estoy en el nivel 60, y subiendo. He abandonado a la gente que me quería, mi vida gira sólo alrededor del Frozen-Bubble, tengo los cursores borrados y la barra espaciadora torcida de tantas horas enganchado. Pero sería una pena abandonar la partida sin llegar al nivel 100.
Quiero advertir a la sociedad, sobre todo a la juventud, que es tan influenciable: lo que parece un inocente juego puede destruir tu vida al quedar enganchado en sus redes. No jugueis al Frozen-Bubble, no lo necesitais para divertiros, teneis alternativas más sanas: jugar a medicos con la vecinita del tercero, masturbarse viendo dibujos animados japoneses, beberse una botella de tequila con un/a amigo/a, conducir en dirección contraria por una autopista...
Simplemente dile NO al Frozen-Bubble.
Mensaje patrocinado por la Sociedad de Adictos al Frozen-Bubble Anónimos (SAFBA). Con ayuda puedes superarlo.